En el uso ordinario de la lengua, el término estándar alude a la idea de modelo, de tipo, pero también hace referencia a lo que se considera normal, a lo que está generalizado1. Para muchos lingüistas, especialmente sociolingüistas, la designación lengua estándar tiene el sentido, coherente con el primero de la lengua común, de variante de prestigio usada por una comunidad de habla, que trasciende las diferencias geográficas y provee una modalidad unificada que puede ser usada por los medios de comunicación y por la escuela2. Dentro de esta concepción, una variante sin prestigio, como la que generalmente se utiliza en las zonas rurales y en los sectores socialmente bajos de las ciudades, es llamada no estándar, e incluso, sub-estándar, con una evidente connotación peyorativa.